Responsables

TESTIMONIOS DE LAS RESPONSABLES DEL SITIO

Soy Raquel M. Barthe y quiero explicar el porqué de este proyecto, compartido y llevado a cabo con Zulma E. Prina y María Mercedes MacLean, de hacer una página Web en homenaje a María Hortensia Lacau.

Cuando cursaba 6° grado, entonces el último de la escuela primaria, María Hortensia Lacau se hizo cargo de la dirección de la Escuela Normal N° 4 donde yo era alumna.

Luego de mi ingreso en la secundaria, su imagen comienza a tener fuerza y, a pesar de que era la profesora titular de la materia “Castellano” en nuestro curso, tuvimos una suplente, ya que sus obligaciones como directora le impedían desempeñarse también como profesora en todos sus cursos.

De ella recuerdo poco porque la escuela tenía alrededor de 3.500 alumnos entre el Jardín de Infantes, primaria y secundaria. Sin embargo su autoridad se evidenciaba en la atmósfera que respirábamos.

Una autoridad que emanaba de su personalidad y que lograba atraparnos como un imán impulsándonos a quererla. Era directa y franca para hablar y su tono siempre era imperativo, pero amable y respetuoso. Sabía escucharnos, nos comprendía y nosotras podíamos confiar en ella. Nos garantizaba un espacio propio donde nos sentíamos a gusto y libres para pensar, reflexionar y actuar.

Por aquella época yo no tenía conciencia del porqué de ese sentirse tan a gusto dentro de la escuela, de “nuestra” escuela. Pero cuando maduré y fui docente empecé a darme cuenta de que yo era diferente y de que mis métodos pedagógicos también lo eran.

Entonces comencé a investigar y a teorizar y conocí a Zulma Prina. Fue ella quien despejó mi ignorancia y comprendí que toda una generación de maestras recibidas en aquella escuela y época, era diferente: María Hortensia Lacau había implementado una experiencia pedagógica tomando como grupo de aplicación a dos divisiones seleccionadas, de la cual Zulma formó parte. María Hortensia conservó sus horas de cátedra con ese grupo, con la intención de seguirlo hasta su egreso.

El resto de la escuela, sin conocer en profundidad el método aplicado, vivía en una atmósfera de “libertad con responsabilidad”.

Desde mi ingreso en primer año fui tratada como “una señorita, futura maestra, que debía dar ejemplo de conducta”, entonces, en pleno desarrollo como ser humano, pude definir mi personalidad en un clima de respeto y libertad responsable, donde se nos permitían y estimulaban comportamientos de “señoritas maestras”, que abarcaban, no solamente los valores, sino también nuestro aspecto físico; de esta manera la ropa y el calzado a usar, lo mismo que el peinado o el maquillaje, eran un asunto personal y no escolar.

La escuela era nuestro espacio y en él nos sentíamos cómodas y a gusto. Cada aula adquiría la personalidad del grupo que la ocupaba. Éramos nosotras quienes nos poníamos de acuerdo y elegíamos el color de las paredes y las cortinas de las ventanas.

Y también éramos nosotras quienes, cooperativamente, juntábamos el dinero y dedicábamos un sábado al trabajo de pintar y llevar a la práctica el proyecto de remodelación del salón de clase, “nuestro salón de clase”.

Siempre contábamos con la guía, el apoyo y el asesoramiento de los docentes y preceptores.

Tardé muchos años en darme cuenta de que esta singular experiencia pedagógica implementada por María Hortensia Lacau, me había marcado para siempre y que yo la estaba transmitiendo a mis alumnos.

Ahora lo sé: soy la docente que soy, gracias a María Hortensia Lacau. Y es por eso que consideré oportuno rendirle homenaje a través de esta página Web, testimonio de la vida y obra de una gran mujer argentina.

Hace más de 25 años necesité aprender a dictar Lengua en los 7º grados. Alguien me sugirió la Didáctica de la lectura creadora de María Hortensia Lacau… y a partir de ese día ella durmió bajo mi almohada, viajó en todos mis viajes, trabajó sobre mi escritorio armando los planes de clase, inspiró mis estrategias….

Después aparecieron sus libros de cuentos para niños, sus poesías y permitió que desgranara sobre cada uno de mis pequeños alumnos un poco de su arte y de su amor.

Colaborar con lo que hoy sé, para hacer una página en su homenaje no fue nada más que devolver en pequeña medida algo que ella brindó a manos llenas.

Cuando Raquel Barthe puso en mis manos su material y su idea, después supe que compartía con Zulma Prina, puso en mis manos la posibilidad de agradecer. Simplemente poder decir a mi manera: -¡Gracias, María Hortensia Lacau! Y lo hice.

María Mercedes MacLean

Creo que casi todo está dicho con respecto a una forma de vida en la escuela. Raquel, a pesar de no haber tenido contacto directo con María Hortensia, pudo captar y asimilar el clima de nuestro “Samay Huasi” (la casa de paz). Y darse cuenta de cuánto ha influido en su formación.

Yo, que tuve la suerte de estar junto a ella, como directora y profesora de literatura desde el principio hasta el final de mi carrera, podría escribir hasta el nunca acabar. A mí, como a muchas de nosotras, nos ha marcado como docentes y como mujeres.

Recuerdo que ella siempre decía que nosotras estábamos preparadas para la vida; que como docentes, éramos capaces de desempeñarnos tanto en una escuela repleta de recursos como en la más lejana y pobre de las escuelitas de nuestro país, pues métodos, creatividad, imaginación para hacer recursos de la nada y sentido de justicia y humanidad, no nos iban a faltar.

Nos formamos en un ambiente de libertad responsable, comprometidas con la tarea, sabiendo que las puertas de la escuela estaban siempre abiertas. Y de hecho hemos disfrutado trabajando en grupo, reunidas fines de semana, ya para preparar un acto, una obra de títeres para el curso de aplicación, una escenografía o ensayar para poner en escena una obra, de esas que leíamos para Literatura. Recuerdos que hoy nos dan fuerza para pensar que siempre podemos hacer algo desde la escuela.

¿Otras cosas que tienen que ver conmigo como adolescente? Nunca voy a olvidar cómo me ayudó el equipo que trabajaba con María Hortensia… porque en aquellos tiempos, yo crecí viendo cómo mis profesores se reunían y trabajaban juntos, cómo formaban parte de, ¡un gabinete psicopedagógico! ¡Y funcionaba!

Yo era más que tímida y sufría horrores cuando tenía que pasar a dar lección, o hablar. Escribir, todo lo que quisieran, pero hablar… Me invadía el terror. Y por eso pasaba horas estudiando, para poder, al menos, balbucear algunas palabras con coherencia. Cuando entré al curso experimental, primero me asombró que me hubiesen seleccionado. Me repetía: ¿a mí? Seguro que se equivocaron. A partir de entonces, entre entrevistas con Gilda Romero Brest, nuestra profe de Pedagogía y Tarnopolsky, esa dulce profe de psicología y una forma de participación grupal, me ayudaron a superar mis miedos. Y, ¡hablaba desde mi asiento! Todo un logro, una enorme satisfacción.

Se nos tenía en cuenta como personas y no como un número en la lista. Y éramos nada menos que 59 en cada división. Nos llamaban por nuestro nombre y hasta teníamos las bibliotecas particulares de algunos profesores para trabajar, en grupo, en sus casas. Y no es un cuento de hadas.

En aquella época (e insisto en los años que pasaron, pues es más meritorio) una mujer llevó adelante un proyecto que hoy todavía parece ser revolucionario en educación. O bien se habla de estas cosas como gran descubrimiento. Y para nosotras es la forma natural de ver la tarea docente.

¿Talleres? Preparación de visitas a hospitales con un objetivo claro, educar por el arte, contar cuentos, teatralizar una obra ,una poesía, investigar con libros de distintos autores y confrontar sus ideas, discutir y estar de un lado o del otro, o de ninguno y proponer otra posibilidad, debatir, consejo de grado, preparar un espectáculo, un desfile de modas, actuar en teatros, ir de experiencia directa, preparar nuestras clases para el curso de aplicación Y, ¡cómo analizábamos las clases en nuestras observaciones! Nunca en privado: ¿suena eso de puesta en común? Era el paso ineludible para la evaluación en grupo e individual. Nos exigían una evaluación seria sobre nuestro aporte.

¿Y con respecto a la disciplina? ¿Alguien puede pensar que nosotras teníamos libertad para desplazarnos por la escuela? ¿Que las celadoras no cumplían la función de guardianes? María Hortensia siempre decía que “las señoritas del Normal Nº 4, no necesitaban celadoras, pues eran responsables de su propia conducta”

¿Qué más puedo agregar? Que ella fue mi modelo, me enseñó el amor por su materia y me impulsó a seguir escribiendo. Es increíble lo que puede el estímulo. Hoy soy docente y profesora en letras. Pude trabajar a su lado y seguir admirando su increíble lucidez. Y seguir escribiendo, gracias a esta hermosa mujer.

Zulma E. Prina

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